miércoles, 1 de abril de 2009

Día 1: ''Puto AIR FRANCE''

¡Por fin llega el gran día!

Llegamos al aeropuerto de Ranón (Asturias) para coger el primer avión de Air France con destino París - Charles de Gaulle. Serían sobre las 6:15 cuando el padre de Pelayo aparcó el coche. Entramos a la terminal y esperamos a los profesores que nos acompañarían, Lana y Baltasar, quienes no llegaron hasta las 6.50 (creíamos que no llegarían). Sin embargo no sólo llegaron ellos, sino que les acompañaba un hombre que no conocíamos pero que estaba demasiado cerca de ellos para ser un desconocido. Raquel, no habiendo notado su presencia, se sintió incomóda cuando vio que el hombre desconocido se sentaba en nuestra misma mesa en la cafetería de la terminal. Baltasar, que vio su cara de susto, nos presentó a Víctor, un amable funcionario de la Consejería de Educación del Principado de Asturias. Su único cometido era observar el desarrollo de nuestro viaje, para estar seguro de que el dinero de todos los asturianos no se pierde entre papeles.

Cogimos el avión, que era más bien una avioneta con capacidad para 50 personas enlatadas. El tripulante de cabina, ''Juan Phillipe'', nos dio unas bandejitas con unos croissants (como no) y una bebida fría o caliente. Cuando estábamos cerca del aeropuerto de destino, Juan nos repartió unos ''encuestos'' que Pelayo aprovechó para rucarle el boli de Air France que Juan le había ''prestado''.

Una vez en el Charles de de Gaulle tuvimos que volver a pasar el control de seguridad para coger el otro avión rumbo a Helsinki. Raquel tuvo que descalzarse, ya que sus zapatos eran susceptibles de poseer armas biológicas. Pelayo y Miguel también tuvieron que sacar los portátiles de las fundas y que quitarse los cinturones.

Después de esperar hasta las 11 y poco entramos en el avión de FINNAIR que nos llevaría a la capital de Finlandia, un Airbus 320 mucho más cómodo y equipado que la avionetina de antes. de hecho, pudimos ver cómo despegábamos gracias a una cámara colocada en el frontal del aparato, de alta calidad por cierto. El viaje se puede resumir con las siguientes tres palabras: dormir, comer y dormir. Cuando nos acercábamos al aeropuerto empezamos a ver múltiples masas blancas y negras, que después pudimos descrifrar como lagos congelados y bosques varios.

Y llegamos a Helsinki!! Estuvimos esperando por nuestras maletas casi media hora, hasta que en la pantalla de la cinta de recogida de equipajes dejó de aparecer el código de nuestro vuelo. Preocupados nos dirigimos al mostrador de reclamaciones, donde Lana y Baltasar negociaron con los empleados de Finnair. Nos dieron varios papeles y sonrisas y nos dijeron que teníamos que esperar al menos un día hasta que aparecieran, así que nos fuimos a coger el bus a Helsinki con la mitad de equipaje y el doble de enfado, aunque ésto no nos impidió sentir el viento gélido del país europeo más septentrional.

Una vez en la ciudad (el bus nos dejó en la estación de autobuses de la estación de trenes de Helsinki) fuimos, ligeros de equipaje, directamente al hotel, y descubrimos la que sería nuestra habitación durante los próximos 3 días. La habitación tenía dos camas y un baño pequeño y unas paredes y puertas de papel.

Pasada la primera toma de contacto salimos a la calle a ver la ciudad por primera vez. Aunque el cielo estaba azul las calles tenían restos de nieve, aunque eran transitables. Orientados por Lana caminamos y caminamos hasta llegar a un local llamado ''O'Malleys'', una cervecería con cerveza floja y donde se podía pagar con tarjeta (muy común, según descubrimos después, en todo tipo de locales en Helsinki).

Llegó la hora de cenar y como no nos convencía el menú del bareto nos fuimos en busca de nuevas experiencias culinarias, hasta topar con el ''Iguana'', un local tipo ''Yuppi'' pero con un ambiente mucho más acogedor, donde jovencitas alcolizadas se reunían para eso, beber como finesas.

Pagamos y nos fuimos al hotel a dormir, y la recepcionista nos dijo que habían llamado los de Finnair diciendo que había buenas y malas noticias: las buenas eran que las meltas habían aparecido y llegarían al hotel esa misma madrugada; las malas eran que de 6 maletas sólo habían aparecido cinco, así que con las mismas nos fuimos a la habitación a intentar dormir con la angustia de a quién le tocaría la ''china''.

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